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abril 26, 2017 No hay comentarios

Basta de andar “a las corridas”: cómo combatir la impuntualidad

Seguramente todos conozcamos a una persona que casi siempre llega tarde; quizás la conozcamos hasta demasiado bien… Claro que a todos se nos puede hacer tarde alguna vez por distintas razones (incluso razones externas a nosotros como un embotellamiento o un ómnibus que no pasa a la hora esperada), pero hay personas que, una y otra vez, siguen apareciendo veinte minutos más tarde de la hora estipulada (o más).

No todas las impuntualidades son necesariamente “dañinas” para los otros; por ejemplo, una fiesta puede empezar sin que estén todos los invitados presentes en el momento (y es muy de uruguayo que todo empiece “más tarde” que lo pactado). Pero llegar tarde al trabajo, a una reunión, a clase o a algo que necesita que estemos allí para empezar tiene efectos negativos para los demás. Y si se llega tarde reiteradamente al trabajo, no solo se atenta contra el trabajo de todo el equipo sino que la persona puede tener sanciones que perjudiquen su puesto.

llegar tarde

Las personas impuntuales, ¿lo hacen a propósito o no lo pueden evitar? ¿Se puede modificar ese hábito? Hoy te contamos el porqué de la impuntualidad y cómo hacer para combatirla.

¿Por qué llegamos tarde?

La impuntualidad es una cuestión bastante psicológica. Por eso deberíamos diferenciar, dentro de las personas impuntuales, dos “subtipos” de personas impuntuales:

1. Los que sienten que no están haciendo algo malo: Cuando dos personas acuerdan encontrarse en un determinado lugar a una determinada hora, están firmando un acuerdo; esto significa que las dos partes deben respetarlo y cumplirlo. Existen personas a quienes no les importa llegar tarde. O les importa demasiado. Son aquellas más egocéntricas que disfrutan la atención. Llegar tarde a una reunión ya empezada hace que todos pongan su foco en nosotros.  Pero también pueden haber personas que simplemente no les afecta en nada que esperen por él, y esto es visto como irrespetuoso o desconsiderado.

tarde-reunion

2. Los que se sienten culpables: Este es el tipo de persona que realmente no quiere llegar tarde ni faltar el respeto ni está en busca de atención, pero de una forma u otra siempre termina siendo impuntual. Se estresan, se sienten mal y culpables, porque no es solo que dejan esperando a otros, sino que puede afectarlos a ellos directamente (llegar muchas veces tarde al trabajo puede causar un despido o llegar tarde a un aeropuerto puede hacer que perdamos el avión).

El Grupo 1 está más vinculado a una cuestión de ego; asumimos que si no fueran de esta forma probablemente serían más puntuales.

En cambio el Grupo 2 tiene otras complicaciones. A veces no manejamos bien el tiempo y creemos que demoraremos cierto tiempo en hacer tal cosa, cuando en realidad, como hemos comprobado otras veces antes, tardamos más. Es ser relativamente optimista respecto a nuestra actividad ejecutiva: pensar que podemos hacer en cinco minutos algo que nos lleva quince.

Otras veces, estamos haciendo algo y nos dejamos llevar sin fijarnos el reloj o queremos completarlo antes de irnos; al final terminamos dándonos cuenta que se nos hizo tarde y andamos corriendo de aquí para allá. Este tipo de personas no tiene tanta auto-disciplina como para dejar de hacer algo que está disfrutando o quiere dejar terminado. Esto tiene que ver con una cierta resistencia al cambio, a no ser capaz de dejar de hacer una cosa para hacer otra. Dormir es un de esas cosas que más cuesta dejar de hacer, y por eso las personas impuntuales que entran muy temprano a trabajar tienen que hacer un esfuerzo enorme para llegar en hora.

impuntualidad

Por último, la impuntualidad es otro más de los tantos comportamientos que tenemos, por eso seguramente esté relacionado con alguno de ellos. Si una persona se siente mal por ser impuntual pero no puede controlarse, es probable que tampoco pueda limitarse en otras cosas, como ahorrar o evitar la comida chatarra.

¿Qué podemos hacer para ser puntuales?

No todo es tan terrible: si realmente queremos cambiar este hábito podemos proponernos ciertas estrategias para hacerlo.

Asumir la realidad del tiempo: Parece una cuestión filosófica, pero es más simple que eso. Si llegamos siempre tarde, seguramente hay algún aspecto del cálculo del tiempo que no estemos haciendo bien. Si pensás que prepararte a la mañana te lleva 45 minutos pero continuamente estás llegando 15 minutos tarde, levantate al menos 20 minutos antes, aunque creas que te va a sobrar mucho tiempo.

levantarse

Dejar todo preparado la noche anterior: ¿Mañana es día de gimnasio? Prepará el bolso en la noche. Tener todo a la mano de mañana te ahorrará mucho tiempo que gastás en pensar qué tenés que llevar y en prepararlo. Esto evitará olvidos y mucho estrés.

Poner todos los relojes a la misma hora: De esta forma nos aseguraremos que, miremos donde miremos, siempre sea la misma hora. Incluso hay quienes configuran sus relojes unos minutos más tarde para que al verlos sientan que se les hace tarde.

Reevaluar prioridades: Debemos preguntarnos a qué le damos más valor, si a mirar esos últimos minutos de la serie (que podemos seguir viendo cuando volvamos) o llegar a la clase de zumba a tiempo y cuidar nuestra salud. ¿Por qué es más importante llegar en hora al trabajo que dormir 10 minutos más? Si cuestionamos nuestras prioridades y nos re-organizamos, podremos motivarnos más.

impuntualidad

¿Qué hacer con un empleado que llega tarde? Hay cosas que hasta los empleadores pueden hacer para combatir la impuntualidad de sus trabajadores. Lo más recomendable es, como primera medida, hablar con ellos. Tratar de averiguar o comprender qué está pasando.

Quizás está teniendo algún problema familiar o médico y en ese caso se puede proponer un horario más flexible o empezar una hora más tarde. Si no es el caso, puede ser productivo señalar cuáles serían las consecuencias si ese comportamiento sigue por mucho tiempo más, pero siempre en un lugar privado donde no se sienta humillado ni atacado frente a otros. Y si luego vemos cambios positivos, es bueno hacerle saber que fue notado y apoyarlo.

Poder cumplir con nuestras responsabilidades sin andar a las corridas también contribuye a nuestra salud y bienestar. ¡Que cuando salgas a correr sea por placer, no por llegar tarde al trabajo!

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